Igualdad, haitianos, ética
Sábado 9, Mayo, 2009 10:43“La igualdad no existe. Los hombres y las mujeres son diferentes, y lo son también los fuertes y los débiles, los sanos y los enfermos, los blancos y los negros” (“La lucha por la dignidad: Teoría de la felicidad humana”. (José Antonio Marina y María del Vólgona).-
En un país en que hasta los llamados intelectuales no leen, según el primo Manuel Matos Moquete (artículo reciente de “Diario Libre” a propósito de las lecturas e interpretaciones que faltan de los cuentos de Bosch), los Guacanagarixes dominicanos se ‘salvaron’ con la caterva de embajadores indiscretos, representantes de organismos internacionales, ONG, vascos, cubanos, españoles, haitianos, etc., que sin adquirir la nacionalidad (que, por demás, nunca han sido nada en sus países), dan cátedras a diario de lo que debemos hacer, y sobre todo, en materias tan delicadas para la salud de la Patria como política e inmigración, todo basado en la ‘libertad de expresión y de pensamiento’.
¡Qué bien! Pero lo siniestro de todo esto (ya lo dije: ¡nadie en sus países les reconoce ‘autoridad’ alguna en nada!), es que su intención apunta a que naufrague la democracia que les permite esas libertades, ¡y hasta se quejan! El mismo Marina, uno de los más lúcidos ensayistas de la España actual, afirma (idem) que los antropólogos no han encontrado el invento de la ‘sociedad matriarcal; que Rousseau afirma que “la primera fuente del mal es la desigualdad”; que nadie pide la ‘igualdad’ en la desdicha o en la estatura; que el problema es cultural; que nuestro mundo ‘se ha hecho más igualitario de hecho, o al menos en deseo’; que los datos indican es que las sociedades han sido patriarcales y que la desigualdad social, económica y jurídica de la mujer es ‘universal’, pues hasta en las más primitivas, “el puesto de mujer estuvo junto a los hijos, los esclavos , el ganado y las propiedades del padre”.
Por último: que el derecho romano, que elaboró una institución de vida larguísima: “la tutela perpetua de la mujer”. Ahora bien: dice este escribano, que si miramos en las universidades, los puestos de trabajo y las actividades en que participan las mujeres, ¡ahora somos más iguales que nunca!, porque lo último que se impone a los hombres es que acepten ‘los cuernos’!, bajo el mismo techo: la igualdad es biunívoca. ¡Válgame Dios!
¡Piedad haitiana!
¡Por Dios que nacimos marcados! Eso de “Domoni-canes” o “perros del Señor” (de Dios), que se inventó Duarte, no es más que eso: ¡un invento de un soñador sanguinario y cruel sin piedad! Aquello de J.J. Dessalines, padre de la patria haitiana (hablando como un guacamayo con su bicornio emplumado) de que si existíamos se debía sólo a su misericordia, es cierto.
¡Quién nos mandó a ser mulatos o arrayanos! En este mundo hay que ser negro puro o blanco puro. Eso de F. Henríquez Gratereaux de que “somos blancos de la tierra” porque hablamos español y creemos en Jesucristo, es un cuento de camino. Somos una nación ‘marcada’; una nación que como profetizó el viejo Siso Sánchez “jamás será”. La dominación haitiana de 22 años sobre la parte Este de La Española y los esfuerzos libertarios de menos de 200 mil criollos desperdigados en 50 mil kilómetros cuadrados porque se consideraban distintos, no es más que un cuento del españolito C. Esteban Deive, y nos tales J. Bosch, J. Gabriel García, Cordero Michel y Jimeses-Grullón. ¡Ya lo dijo Hernández Flores!: somos unos flojos que no peleamos na’; fueron “simples escaramuzas” y una oración a la Virgen de la Altagracia, deidad blandengue comparada con deidades venidas de África y su magia blanca. ¡Olvídense de eso!
¡No existimos! Dejémosle esto al canciller haitiano, al senador (con menos del 5% de los votos) y a Luís M. Vivanco, de Amnistía Internacional, el primero por descubrir que perdimos la moral y la bondad, el otro, por pedir una lista negra, y el tercero, por reclamar al mundo que “detenga la matanza haitianos en RD” y que nos sancionen (que nos cierren). Los dominicanos inventamos el ‘PerElebrum’ o “suplicio del collar” (colocarle una goma en llamas en el cocote a las gentes y quemarlos vivos); fundamos los “chemires” (bandas paramilitares al servicio del Presidente para asesinar opositores); fuimos pedimos en las elecciones de Haití que los que votaran “se tintarán en los pies”, porque quienes lo hicieran con el dedo serían identificados y descuartizados. “¡En República Dominicana guillotinan haitiano!”, publicó la prensa mundial. No, ¡un haitiano decapitó a un dominicano primero!, y aunque la Ley del Talión es bárbara, dice el rector de la Universidad Católica, que en RD se mata, pero eso de cortar cabezas es costumbre del los haitianos, así como pegarle fuego a los vivos. ¿¡Cómo hacernos si el enemigo está adentro y afuera? ¡Cerremos esto, cojollo!
Código de Ética
Del Periodista Dominicano, vigente y aprobado cuando Bujosa Mieses lo dirigía, dice en su Capitulo VI, Art. 36: “El periodista no deberá invocar secreto profesional como pretexto para justificar acciones ilegales o encubrir hechos contrarios al interés colectivo y a la ética periodística; 39: “Estará en la obligación de rectificar ñen el plazo legal establecidoó las informaciones difundidas, y que la fuente ‘demuestre que son falsas o inexactas”: En el VIII: b) “utilizar documentos falsos o de procedencia desconocida”; d) “la desinformación premeditada y la difusión de rumores tendenciosos”; g) “la difamación y la injuria”; j) “la actuación confidencial para los servicios secretos y organismos de inteligencia” (calié,a.u.). ¿Se difamó al senador Williams? ¿Quién lo hizo y quién rectificó? ¡Adelante con la piedra!