La falsía de ‘intelectuales’ e hipócritas

Sábado 31, Octubre, 2009 13:23

Si usted oye o lee los ‘análisis’ de supuestos intelectuales y reconocidos sicofantes, tendrá la falsa conclusión de que alguna vez este desventurado país fue un pedazo del Paraíso, y no así que está ante una supina ignorancia binaria (el otro elemento es la condimentada falsía) porque ésos, que son los que más hablan, escriben y se quejan, son los que menos han aportado al bienestar del pueblo y basta con averiguar quiénes son, de dónde vienen y de qué viven. Aquí lo que siempre ha habido (y eso lo dicen los libros de historia), es un puñado de valientes en lucha por una sociedad decente contra una galería de traidores cuyo expediente es confundirlo todo, embarrarlo todo; robárselo todo.

Desde que la “chusma incivil” que reunió Colón en Puertos de Palos desembarcara, estamos en esta lucha.

Primero, Isabel La Católica, dictó las “encomiendas” para que esos ex presidiarios ‘cristianizaran y educaran’ a los indios, pero en cambio los sometieron a un régimen de explotación tan bárbaro que el alzamiento en 1519 de Enriquillo fue el epílogo (para 1535, 22 años después de la llamada “Factoría Colombina” en el segundo viaje, los indios habían desaparecido). Pero antes, hubo el levantamiento de F. Roldán que algunos escribieron como que fue en “defensa de los indios”, pero no, lo que pactó con Colón fue la asignación a él y su grupo de más tierras y más indios para seguir la explotación en búsqueda de riquezas.

Colón fue despachado para España por F. Bobadilla con grilletes por su loca ambición, pues las “Capitulaciones de Santa Fe” con los Reyes Católicos, lo nombraron virreygobernador de “todas las tierras descubiertas” y Almirante de la Mar Océana.

¡Del Foete al fuete!
Cuando el hijo de Colón, Diego, reclamó su herencia, volvió con la virreina María de Toledo a darse la gran vida construyendo el Alcázar. Él, su corte y el tesorero M. de Pasamonte, vivían “vestidos de púrpura enchapados en oro”, según A. Vicioso en “Santo Domingo y las letras coloniales”, mientras el padre Las Casas (que aquí y en Chiapas, México, siempre fue de los buenos), cruzó 17 veces el Atlántico para reclamar en las cortes españolas que los indios se extinguían por el maltrato, que ¡por Dios!, los sustituyeran por negros africanos (que no pueden agradecérselo debido a que corrieron peor suerte que los aborígenes con más torturas y latigazos). Sólo durante tres breves períodos en que exportamos azúcar de caña a la Metrópoli, recibimos unos chelitos en la parte Este de La Española, pero sabemos que fueron a dar a los bolsillos de esclavistas y no hubo bienestar para lo que Bosch senllamó “la base de la pirámide”: ¡los jodidos!

Mientras España buscaba oro en los virreinatos de Nueva Granada y Nueva España, en México y Perú, matando incas y aztecas (así como a indígenas que estos a su vez esclavizaban), con lanzazos y arcabuces, en el S. XVI, la Colonia estaba en la prángana viviendo de “El Situado” o chelitos que mandaban las autoridades de esos virreinatos por orden de los reyes de España para pagar a los funcionarios, llamados “filorios”. Es decir, que el pueblo vivía de una economía de subsistencia: casabe, maíz, yuca, batata, guarapo, leche de vaca y algún trozo de carne o queso.

En los S.XVII y XVIII, los criollos dormían en barbacoas o en el suelo en hojas de plátanos, todos un una habitación como si fueran cerdos. ¡Es más!: la casa de Pedro Santana, en El Seibo, que era hatero (dueño de recuas de caballos y reses), y tres veces Presidente, sólo tenía dos habitaciones, según la descripción de la época, y la obtuvo por casamiento con una viuda “rica”.

Fray Cipriano de Utrera, Moya Pons y Bosch, coinciden en que el siglo XVII fue llamado “El siglo de la miseria”, pues las exportaciones eran casi nulas: unas varas de madera, un poco de tabaco y cueros de reses. Eran tan nimias que los comerciantes madereros del Cibao llevaban su contabilidad en hojas sueltas de cuadernos.

Bonó, primer sociólogo dominicano y autor de “El Montero”, habla en el XIX en sus “ensayos” de campesinos con correas de ripios de plátanos, descalzos, sufriendo boquera, buba; baja estatura y alimentación escasa: el famoso plátano y algún tajo de carne, huevos y tubérculos. Los rublos de la alimentación eran uniformes. Eso mismo dijo, ya al inicio del siglo XX, el periodista J. Ramón López, textos recogidos en “La alimentación y las razas”, y este escribano recuerda su infancia en Vicente Noble que la dieta consistía en carne, huevos criollos, espaguetis, bacalao, arenque o biajaca; arroz, habichuelas y, a veces, unas hojas de lechuga y tomatitos criollos llevados por marchantas desde el mercado de Barahona, que hoy se parece al vertedero de Duquesa. Eso de pepino, brócoli, colifor, apio, pimientos y demás, se desconocía, aunque había mangos y cocos, guanábanas, ciruelas, aguacates, limoncillos y castañas, ¡pero nadie las quería!

XIX, XX y XXI
El S. XIX fue el de la ocupación haitiana, la España Boba y la Restauración. El mismo puñado de valientes luchando, inspirados en Duarte, contra los bandidos y arribistas eternos. Montonera: generales por centenas, alzamientos y Concho Primo.

El tirano Lilís y el tren Sánchez-LaVega, la naciente industria azucarera; la ocupación de USA en 1916; Trujillo (31 años), que hizo los hospitales regionales y las carreteras para unir el país y un capitalismo en 36 empresas-RD que Bosch llamó la RD “Trujillo, S.A.”. Luego, ¡a robar de nuevo!: Corde y CEA y CDE: el botín; leyes de incentivos, subsidios, 10 tasas en Aduanas para la misma materia prima, y sigue (hoy) el robo de combustibles.

¿Cuándo estuvieron mejor que ahora, fariseos? ¡Miren sus casas, carros y armarios!

Puede dejar una respuesta, o hacer un trackback en su propio sitio.

Escriba un comentario

Spam Protection by WP-SpamFree