Haití, Préval, Leonel y Pakistán

Jueves 12, Noviembre, 2009 6:40

“La imaginación unida al talento ha constituido siempre una amenaza para quien no posee ni talento ni imaginación”
-León David-

Lo cierto es que no ha habido voluntad política para proteger nuestra frontera ni para enfrentar el chantaje y la extorsión de los que se benefician de la pobreza y explotación de ese pobre pueblo haitiano: la oligarquía del vecino país, las ONG’s domínico-haitianas, una cúpula militar corrompida de ambos países, contrabandistas de todo; vendedores de carbón y los comerciantes que explotan el mercado binacional con 500 millones de pesos al año.

Ese “bloque de búsqueda” hizo, hace y hará todas las diabluras posibles para vivir de la miseria de ese “conglomerado humano” que es Haití. Quizás los que no se benefician, pero llevan la cantaleta, son los de la “izquierda burra” (la frase es del ex presidente brasileño Enrique Cardoso, sociólogo por demás), que aplican el internacionalismo mal digerido.

Como telón de fondo: EEUU, Francia, Canadá, Bélgica y demás miembros del convite de lo que don Juan Bosch llamó “la frontera imperial”, aunque no podemos dejar afuera a René Préval, politiquero curtido con Aristide, que botó a la primera ministra bajo una acusación infamante, pues no es verdad que se robó los fondos de la ayuda internacional.

Préval y sus senadores llegados a sus curules con el 5% de los votos, no les han pedido excusa al Presidente dominicano cuando casi pierde la vida objeto por una celada en Haití, que no se convirtió en una crisis de grandes proporciones (incluidas retaliaciones) porque todos conocen el carácter apacible y conciliador de Leonel Fernández, experto en echarle agua al vino.

Quienes viven hablando güeva de racismo y otras sandeces, no han caído en la cuenta de que estamos transitando por el filo de la navaja. El Dr. Juan Emilio Cheyre, chileno, director del Centro de Estudios Internacionales (UC), con sede en Santiago y amigo de Haití, escribió, después de un viaje al vecino, el 12 de diciembre del 2008, que “hay que pasar del diagnóstico a soluciones”, y que “1,000 haitianos cruzan diariamente la frontera de RD y se suman a los dos millones que existen allí. La causa es clara: van en busca de oportunidades y las consecuencias son imprevisibles dado el impacto en un vecino que estando mejor no puede satisfacer todas sus necesidades”.

Más claro: ¡ni el agua!
Hay que decir que el Dr. Cheyre no es enemigo de Haití, sino alguien que busca solución a su desgracia. Los racistas son los que mantienen una campaña de descrédito para que República Dominicana absorba una carga que no puede, y que, tal como escribió Vinicio Castillo Semán, cada día son más los dominicanos que se asustan frente a la ocupación masiva. Santiago tenía ‘jojotos del Cibao’, está copado de haitianos (y lo dice quien estuvo allá visitando sus barrios), pero igual todos los campos y bateyes del país.

Se ha cometido un gran daño y un crimen contra el país. Sólo los ignorantes que no saben lo que pasó en Kosovo o los que no conocen la masacre de Ruanda (les recomiendo la película “Hotel Ruanda”), lucen indiferentes ante lo que nos espera: la ‘guerra de colores’, la más terrible guerra que puede asolar un país junto con la religiosa, pero las raciales son más terribles.

¡Un millón de muertos en Ruanda y Burundi entre negros hutus y tutsis! Y hay que decir que no es un invento. Cualquier folletito puede explicar la ley dialéctica “de los cambios cuantitativos en cualitativos y viceversa”.

Toda minoría se queda, permanece acallada, por acción de las clases mayoritarias, pero tienden a convertirse en mayoría. Cuando los haitianos sean igual en número a los dominicanos o sean una minoría considerable, reclamarán con más fuerza que ahora y por vías de hechos, más derechos, vendrá, pues, una guerra de secesión (reclamo de una parte del territorio) o la guerra total como en Kosovo, la guerra de colores, con la desventaja para nosotros de que ellos contarán con las cañoneras suministradas por los potencias que hoy financian sus ONG’s y la campaña de descrédito contra nuestro país. Por eso, Simón Bolívar fusiló al Gral. Manuel Piar, un mulato que con sus acciones desviaba la lucha anticolonial hacia la guerra de “colores” o de razas.

Los dominicanos no son racistas: los racistas son los haitianos, pues no sólo odian a los mulatos haitianos porque no son “ano rojo”, sino, también a los dominicanos. Cada día debemos exigirles a los gobiernos que aprieten la política fronteriza, que la Patria no comienza por Miches, Higüey o Samaná; sino, como dice el General Soto Jiménez, en la Frontera.

En los campos fronterizos se siente la fricción porque ya los haitianos nos superan en número; no hay un solo paraje del país donde no haya haitianos, al igual que todos los puestos de venta esquineros del centro de la capital, la industria turística, guardianes, construcción y agricultura. ¡Quienes hablan de un millón no saben contar o ignoran la magnitud del problema!

Pakistán y Afganistán
Mientras nuestro amigo Barack Obama se apuntó un triunfo en la Cámara de Representantes con el Seguro de Salud, Hamid Karzai comete un fraude masivo en Afganistán y los atentados llegan a la ciudad Rawalpindi, en Pakistán, la ciudad militar por excelencia, ya prácticamente en guerra civil el país musulmán del Cercano Oriente, mientras Israel exige a Turquía que no pase una película donde un soldado israelí asesina a una niña a mansalva.

Nunca como ahora hay una “unificación de criterios” entre ignorantes, gente común, profesionales, científicos de todas las ramas, librepensadores, religiones, de que estamos en un período escatológico. No el fin de la historia, de Fukuyama, sino el fin de la civilización…

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