¡Otra vez los Henríquez!; fusil contra La Administrativa
Lunes 21, Diciembre, 2009 10:43“El hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y la virtud que debe emplear principalmente contra sus malas pasiones. Sin virtud es sólo un ser feroz e impuro dominado por los brutales arrebatos del amor y el hambre”
–Aristóteles–
Ratifico lo dicho de que los Henríquez son la familia más ilustre del país en términos intelectuales y su alto perfil ético. El humanismo y la cultura son su fuerte. Eso no lo discute nadie que se haya leído tres libros. Pero debo referirme a un hecho desagradable no cometido por ellos sino por otros, y que traté superficialmente como alerta y con falta de espacio.
Enrique Henríquez, escritor, jurista y poeta (murió en 1940), tuvo tres hijos: Enrique Apolinar Henríquez (Don Quiquí), Rafael Américo Henríquez (Gugú), ambos escritores, y Belén Henríquez. Don Quiquí Henríquez tuvo a Leo, abogado, que prefirió a Puerto Rico y allá vive su prole, y a Apolinar Henríquez, eminente médico que estudió en EEUU y fue el padre de Victoria Henríquez Bogaert y un hermano, que también estudió y reside en UAS. Victoria vive aquí. Rafael Pérez Henríquez (Pitó), que también estudió en EEUU pero que no se adaptó a la sociedad dominicana a su regreso, es hijo de Belén y era sobrino de Don Quiquí, y a él era que yo y todos veíamos en El Conde, circunspecto, raudo, que ni siquiera devolvía el saludo porque era una especie de misántropo.
Ese Pitó, sobrino de Don Quiquí, no murió en buena situación económica, pero se negó a vender las tierras que Balaguer devolvió a la familia y que Trujillo había declarado de ‘utilidad pública’ debido a que los Henríquez eran horacistas y apoyaron la extensión por 2 años al período presidencial del caudillo coludo. Pitó P. H. tenía una persona que le ayudaba en la casa (WM)., que ni era Henríquez, ni tenía vínculos familiares, ni facultad para heredar y menos para ‘vender’, pero en vida y después de la muerte de Pitó (que nunca quiso vender), WM daba ‘recibos’ hechos a mano a nombre de Pitó y haciendo creer que éste recibía el dinero de esas ventas (los cuales están en mis archivos), constituyéndose él, políticos, jueces, abogados y un funcionario de esa área del Gobierno, en una asociación de malhechores que se apoderó de las tierras de Pitó Pérez Henríquez y las urbanizó.
En la semana pasada el presidente de la SCJ, Subero Isa, el Procurador General de la República, Radhamés Jiménez, y sobre todo, Wilson Gómez, Registrador de Títulos de la Suprema Corte de Justicia -ante un escándalo de igual naturaleza-, dijo que aquí hay varias bandas que han echado canas practicando este delito. Espero que ahora se haya entendido bien el asunto, para honra de la familia Henríquez.
La Lidap
“¡Ahora si hay melao!”, voceaban los trabajadores de los ingenios cuando el guarapo de caña se convertía en una mezcla gorda, parda y espesa. Por otro lado, un argentino rosca izquierda publicó en texto provocador sobre la “Comparsa” (así le llama Oscar Medina a los que aquí, desde fuera de los partidos, quieren gobernar el país mediante el chantaje y la extorsión, mediática y más que mediática): “Hágase rico en los 90s: forme su propia ONG”, se llama el libro. La Lidap debe ser Liga de Dominicana Agencias Publicitarias, pero sucede que la mitad de los periodistas tienen su propia ‘publicitaria”: 1.- Por Juan Hernández y la DGII; y 2: Porque a un spot de 15 mil pesos le hacen tantos los ‘recortes’ que los ‘programeros’ de radio y TV a veces reciben apenas 8,000 pesitos y 7,000 se quedan en esos menesteres de los ‘agenciarios’. “¡Ay, bendito!”.
Mi admirado publicista, poeta, amigo y ahora investigador, Pedro Pablo Fernández, es un mago haciendo libretos para que artículos malos se compren como buenos con esos mensajes subliminales. ¡Pura estafa! ¿Y por qué dicha actividad publicitaria no se incluyó en la Ley de Acceso a la Información Pública, querido José Tomás, si sus mensajes van hacia el público? Si no me equivoco, por los ‘intereses’ y las ‘presiones’.
¡Tiro a la Cámara!
Pero ahora la Lidap se la cogió con la Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral (JCE) dizque para que “publique todo”, con el cuco de acudir a dicha ley.
¡Qué bien! No me opongo. Pero “El Querido” tenía razón: ¿por qué no piden lo mismo a las FFAA., la Policía y las agencias de seguridad del Estado (incluidas las compañías de guachimanes), para que digan quiénes son sus agentes, en qué provincias, calles, aeropuertos, moteles y lupanares, hacen su trabajo y cuánto les pagan? ¿O a instituciones como el Banco Central (donde aparecerían ellos mismos), o a la banca privada sobre cuentas de ‘pelagatos’ públicos que suman millones? ¿Por qué no a los data-créditos, que no informan en qué fuente d saquearon los nombres de uno hasta con números de Cédula?
Creo, honestamente, que deberían pedirles a las Aduanas y a DGII, los nombres de quienes se ‘saltaron’ los impuestos y que hoy pagan calladitos bajo ‘acuerdos secretos’. ¡Güisqui, güisqui, que ya la Real Academia (del viperino músculo) admite la palabreja! ¿Queremos ‘transparencia’, o queremos a Roberto Rosario, a Guiliani y al primo César Féliz? ¿O queremos, como decía Papá, que no se olvide de “lo de ellos”? ¡Ay, ombe! ¡Qué siga la farsa y sus teatreros porque para el Mesié dizque sólo Leonel “compra”! ¡Y se lo publican! ¡Qué viva la democracia, jamás la ‘democradura’ de don F. Henríquez Gratereaux! Por cierto, Aristóteles, citado arriba, decía en “La Política”, que “las bases de la democracia no pueden ser las bases de la oligarquía”, y que el Estado es ‘un hecho natural’, porque el hombre es un animal sociable. ¿Qué quiso decir el sujeto ése?