Lockward y M. Henríquez, Desiderio y Basilea

Lunes 28, Diciembre, 2009 6:27
Publicado en Historia

Cuando en la UASD la metralla discursiva de los mejores catedráticos del país (V. Bello R., C. Landolfi, A. Lockward, H. Cabral Ortega, P. Mir, Jimenes- Grullón, V. Villegas, D. Céspedes, Molinaza, R. Valera B., Avilés B., Papo Vicioso, A. Avelino, F. Franco, T. Avelino, I. Prats, Z. Heredia, A. Morejón, I. Gu¨émez N., etc.), que en honor a la verdad ¡superaban a quienes han sustituido a los hoy inactivos!, A. Lockward Artiles dijo que Max Henríquez U. era un “alienado españolizante”; y doña A. Cartagena P., decía que “Moya Pons era el historiador oficial de la burguesía”.

Aquel jardín de párvulos –atravesado por ideas y discusiones insólitas de política y políticos–, la mayoría bachilleres iletrados, ¿con qué enfrentaban a “El Maestro dijo” escolástico, que veíamos, entonces, como ‘revolucionario’? “Mi muchachito”, me decía Don Pedro.

Adquirí el hábito de “anotarlo todo”. Con buena memoria he podido ir decantando la paja del trigo. ¡Fin a la digresión!: a veces respondíamos, como cuando el venerable Héctor C. O. afirmó que la estratificación de Bosch de las capas de la baja pequeña burguesía en pobre, muy pobre y hasta pobrísima, “era un disparate”. Dije que él descalifica a alguien que había escrito más de 50 libros y que la producción (de él), según lo visto en la Biblioteca, era una breve biografía de Ercilia Pepín y un ensayo sobre la industria azucarera.

¡Me gané la mala voluntad del consultor jurídico de la UASD, que también espetó descalificándome! (Lo cuento no para opacar su memoria, que bastante buena la tenía, sino para que sepan cuál era el ambiente y los ‘modales’ de la época, pese a que fueron superiores a los de hoy). He ido leyendo un texto aquí y otro allá de Pedro Henríquez U., y sus hermanos: Camila y Max.

Lockward no anduvo despistado en su juicio porque Max era un defensor de la herencia hispánica, pero no llegó al estado mental de la “alienación” y, aunque colaboró con el Trujillato, fue patriota antiimperialista y latinoamericanista, como consta en “Obras y apuntes”, 10 tomos, publicados por Lantigua y Cultura con el apoyo de Don L. Fernández, sobre todo, a la luz de: “Los yanquis en Sto. Dgo.” VII, y los VI, VIII y XI: “Política internacional”.

Fue ingente, tesonera y patriótica la labor intelectual, unida a la acción, llevada a cabo por Max H.U. en toda Latinoamérica y los propios EEUU, contra las políticas imperiales de T. Roosevelt, W. Wilson, W. Grant y sus procónsules.

Su correspondencia, conferencias, ensayos y viajes presentan un Max con las características antes dichas, aunque afirmara a su regreso en 1931, que “muchos espejismos de la edad temprana se han desvanecido al conjuro de ásperas realidades” (‘Las ideas políticas en RD’, conferencia).

Colaboró con el “Cesarismo democrático”, como le llamó el peruano Francisco García C., que afirmo, no tuvo nada de ‘democrático” (Vuelvo).

Desiderio y Bernardo
La ‘Vulgata’ ejercía, con su derecho, su oficio (libar), y terminé el 24-12-09, el No. 31 de Bernardo Vega sobre “trujillología” (Las cartas entre el montonero Arias y el sátrapa Trujillo, hechura en gran parte, según los papeles de Max H.U., de las acciones inconscientes de Desiderio, como la incumplida promesa de los USA de “no disolver el Ejército dominicano”).

Desiderio, que era un hombre de valor, pero pese a que merenguitos digan “que a nadie hizo mal, a nadie mató”, muchos murieron por sus acciones, propias de un temperamento cerril, no de un verdadero estadista. Terminado el interinato de Bordas Valdez, quien se lanzó tras la Presidencia en elecciones legales; en abril 1914, el montonero Desiderio se alzó contra él.

También, ‘manu militari’, contribuyó en 1916 a echar del poder al también interino F. Henríquez y C. Pese a que el presidente de EEUU, W. Wilson y su procónsul Sullivan, simularon garantizar la letra de la Constitución y “probar su amistad sincera y desinteresada” a RD. Sullivan, octubre 1913: “Es fija la determinación del Gobierno de los EEUU que ninguna disputa o desavenencia sea arreglada, ni causa establecida, ni hombre alguno colocado en el poder de la RD, por medio alguno que no sean los que marca la Constitución”.

Lo ‘que no se ve’: la Intervención de 1916 no tenía nada que ver con deuda, pues desde la Convención de 1907, Mon y Victoria no dejaron de pagar los 100 mil pesos del cobro de las Aduanas, a tal extremo que EEUU, prestó en 1912 a Victoria U$1 millón para “gastos de guerra, sueldos atrasados y subsidios a los damnificados”.

Pero ante las exigencias de EEUU, al caudillo bolo en el poder, J. I. Jiménez, en 1915, éste quiso recuperar el ferrocarril Puerto Plata-Stgo., en manos de los horacistas, pero Desiderio –siendo bolo o jimenista–, se alió con los diputados rabuses para pedir su destitución. Cuanto Jiménez defenestró a su amigo Jefe de Armas de la Capital, se alzó, siendo Ministro de Guerra y Marina y el 7 de mayo cayó el Gobierno.

Eso hizo que los yanquis modificaran artículos de la Convención de 1907 disolviendo el Ejército criollo. (Ver: Max HU, “Los yanquis en Sto. Dgo”,. Págs. 3-61; Bosch, CSD, 356-370). Como escribió el Gral. Soto Jiménez en LD: Desiderio era ‘rebusero’ pequeño-burgués sin conciencia de estadista, sin importar lo que digan cartas, escritas por otros.

Tratado de Basilea
Dije que el ex presidente francés J. Chirac mintió cuando expresó que “Haití no fue propiamente una colonia francesa”. La fusión comenzó con el “Tratado de Basilea”, 1795, que Bosch toma de R. Demorizi (CSD, pág. 175) Art. IV: “El Rey de España, por sí y sus sucesores, cede y abandona en toda su propiedad a la R. Francesa toda la parte Española de la isla de Sto. Dgo. en las Antillas”.

¡Qué ‘desprendimiento’ de un rey cuyos sucesores se negaron a soltar a Cuba hasta 1897!

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