Señora Frappier, Euclides, Atila y Odoacro

Jueves 31, Diciembre, 2009 6:29

Señora Frappier: mi mamá, gracias al cielo todavía vive, es de Fundación, Barahona. Es Matos, y según el árbol genealógico que tengo, es prima segunda de Milton Peláez Matos. Soy el flaco que estaba en el desaparecido ‘El Siglo’ cuando Milton publicaba una columna pequeña. Iba a la San Antón No. 2, en Herrera, a veces en ropa deportiva y usted le acompañaba. Él me decía ‘primo’. Aunque no gusto de los hipócritas y lambiscones, mi madre me hablaba de Milton, y, cuando vine una vez a la capital en 1966 siendo mozalbete (me crié en Vicente Noble), recuerdo su camioneta difundiendo en la calle José María Serra, de aquel lado del puente Duarte, debajo de la Barceló (calle de los yoleros, que ya no existe), a su “Paco cara de Maco” y demás canciones de The Beatles que él transformaba en ritmos criollos. Milton era un ser incapaz de hacerle daño a nadie y trabajaba como un burro.

Cuando el lío del famoso Dealer, que metió preso a su dueño, andaba ñusted lo sabeñ con una pistola porque decía que el Señor estaba casado con una sobrina de un ex presidente. Eso afectó mucho a Milton, pero me dijo que se había ganado “unos chelitos” –usted sabe que él hablaba así–, con la propaganda electoral de Peña Gómez: ésa de abrir las ventanas. Cuando el señor que está preso lo mató, quien escribe se quejó por TV y en este Listín Diario, porque sus amigos ni fueron al tribunal a darle apoyo moral y pedir justicia.

Señora Frappier: el filósofo libanés criado en Nueva York, Khalil Gibrain, tiene un libro llamado “El Profeta”, y cuando le preguntan a El Profeta acerca de los hijos dice que los padres quieren que los sigan, pero que son como flechas que El Arquero lanza al blanco pero muchas veces no “dan en el blanco” y siguen su camino. Este país está lleno de mentirosos y de farsantes que venden hasta a sus madres.

No quiero, señora Frappier, que la desgracia pise de nuevo su casa. No dé declaraciones de prensa. No confíe en periodistas y abogados. No es verdad que el Fiscal tenga nada contra su familia, porque usted nunca lo vio en su casa enamorando a sus hijas, ni las conocía. Proteja a su familia. Si cometieron errores, pues que la Justicia resuelva, pero no confíe en nadie, que la venden al igual que al primo Milton.

Creo que usted debe pedirle al director de Prisiones seguridad para Mary. Afuera corre más peligro que adentro. ¡Qué sea lo que Dios quiera! La última vez que me tropecé con Milton, antes que lo asesinaran, en el hotel Santo Domingo, le pregunté por Dolfi y los muchachos. Me dijo que estaban “bien”. ¡Qué Dios la bendiga, señora Frappier, y por favor, no confíe en farsantes, que este país está podrido!

Euclides y Atila
Si algo me gusta del Dr. Euclides Gutiérrez Félix es que no se viene por las ramas ni con eufemismos. Anteayer habló claro: la Justicia de hoy es más corrupta que las que le antecedieron y una jauría mediática y corrupta quiere invertir los papeles ñpese a que el pueblo dominicano no es tontoñ, presentando al gobierno peledeísta como el más corrupto de la historia del país. Dijo que el objetivo es el PLD y Juan Bosch (ahora los ‘boschistas’ salen hasta en la sopa, pero con el dardo hacia el PLD, a.u.); se preguntó si Leonel se puso solo ahí, o si fue el PLD que lo llevó. Una de las menciones recurrentes de Euclides es que en el país hay una horda como la de Atila, rey de los hunos, el bárbaro, “El azote de Dios”, que cada vez que llega al poder “aplasta hasta la hierba”. Y es cierto. Están pasando una serie por History Channel muy buena: “Roma: auge y caída”, que se demuestra los aciertos de Euclides.

De todos los reyes bárbaros, Atila fue el más poderoso, no sólo porque unió y aplastó a las demás tribus bárbaras (que para los romanos eran todos los del centro y Este de Europa, quizá a excepción de Hispania). Atila gobernó un poderoso imperio que superó en territorio y en posesiones a Roma, y no sólo invadió a Constantinopla, sino a Persia (Irán) e hizo claudicar al Impero Romano de Occidente, a tal extremo que Valentiniano lo casó con su hermana Honoria.

Los historiadores revisionistas de hoy presentan a Atila no como un bárbaro cualquiera, sino como un verdadero estadista, pues el hombre sabía hablar latín y griego. Sus ataques a Roma perseguían poder: oro, tierras y pueblos para él someterlos porque en las regiones bárbaras no conocían las técnicas de sembradío de los romanos.

Atila, a quien se le describe como corpulento y bajo con los ojos rasgados, era de Asia Central, pro-mongol o pro-chino; hábil diplomático y un guerrero formidable porque no sólo conquistó más de 100 ciudades romanas, sino otras tantas de otros bárbaros. Llegó a dirigir ejércitos de más 500 mil hombres. Jamás quiso destruir Roma aunque la saqueó en el 410. Murió para el 453 d.d.C. y nació el 406. Historiadores dicen que después de una borrachera comenzó a sangrar por la nariz; otros afirman que una mujer lo envenenó. Lo enterraron en un sarcófago de plata, hierro y oro. Desde el sexto de primaria me ha fascinado la figura de Atila.

Roma y Odoacro
El verdadero azote de Roma fue Odoacro, jefe de los hérulos. Mitad huno e hijo de un consejero de Atila. En el 470 d.d.C. penetró a la península destituyendo a Rómulo Agústulo, hijo de Orestes. Su indisciplinado ejército pasó a cuchillo a los romanos, incendió y destruyó pueblos, ciudades y villorrios. Nombró emperador pantalla a Julio Nepote y su poder era tan grande que se nombró Rey de Italia e hizo imprimir monedas con su efigie, que todavía perduran.

P.D: Borges tiene un cuento de un soldado bárbaro que cuando llegó a Roma a destruirla, se maravilló ante sus construcciones y arcos, lloró y se pasó al bando que defendía la ciudad.

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