Vinicito y la reconstrucción de Haití
Jueves 28, Enero, 2010 8:50La desgracia haitiana se presta para todo: la crónica horripilante, el reportaje crudo, las lágrimas reales y de cocodrilos, el poema fañoso, el testimonio lacerante, el dolor hipócrita, la búsqueda del premio al mejor reportaje o al Putlizer, la ira de la impotencia; la ayuda fraterna y solidaria, la pena sentida y profunda, la humana solidaridad, la plañidera baldía, el ataque artero y rastrero a la ‘insolidaridad’ dominicana; en fin: ¡todo!, porque el golpe ha sido duro y devastador.
Lo cierto es que ¡el mundo está conmovido!, y los comediantes no tienen escenarios para comedia, sino para tragedia; tragedia larga y olvidada. Ya no sólo somos los dominicanos quienes han visto que en Cité Soleil no hay letrinas para 300 mil seres arrebolados cual panal de abejas que hacen sus necesidades en ‘regolas’; y las bandas de carnes de res colgadas en el mercado (y mire si nuestro país que necesita acción, ¡es en los mercados!) cubiertas de un solo mosquerío apestoso; que los romanos se equivocaron cuando dijeron que “Donde existe sociedad, existe Derecho”, porque en Haití hay ‘sociedad’ pero no Derecho, ni Estado, ni país, ni bomberos, ni defensa civil, ni sistema impositivo, ni nada de lo que el abogado Vinicio Castillo Semán viene denunciando con gran tino ñjunto a otrosñ, y que nada tiene que ver que racismo ni otras pamplinas que los que viven del ‘expediente’ ponen en nuestras bocas y corazones.
¡Hasta en Estados Unidos la educación “anda mal”, según la queja del presidente Obama.
Economía y Aristide
La apertura de los mercados destruyó lo que quedaba del aparato productivo haitiano, a tal extremo que importan hasta lo esencial: arroz, huevos, azúcar, café, pollos. Hace una semana explicamos que el 80% de las familias haitianas recibían remesa y “otro tipo ayuda” del exterior y, por falta de espacio, ahí lo dejamos. Lo decimos hoy: en los últimos tres años el sector privado invirtió cero; las donaciones fueron de U$1,000 millones y de las remesas de la diáspora ñhasta un 30% del PIB, dice un experto mexicano con más de 30 años en Haitíñ son en “especie”: vales que autorizan 50 libras de arroz, litros leche, galón de aceite, frijoles, huevos, azúcar, etc.
El “Over” de Marrero Aristy, en que Andrecito Comprés se quedaba con una o varias onzas en el pesaje. Lo repetimos: ¡conglomerado humano, no país, no nación, no Estado! El Estado haitiano no es el Leviatán de Hobbes, ni “El ogro filantrópico” de Octavio Paz, ¡no!; es un “ente semi-fantasmal”, casi concreto como la sopa, en que una minoría pírrica subsume lo que llega en perjuicio de la gran masa pobre a la que deja lo mínimo o ¡nada!; la ruta obligada hacia el Este, el barco o la yola. Y el fenómeno más peligroso de Haití ñque se concretiza en otros país: Chile, por ejemplo, con el triunfo de Piñerañ, es que la presión de la ‘sociedacivil’ sustituye la ‘sociedad política’ por el descrecimiento en los partidos.
Las ayudas para Haití son canalizadas en más de 50% a la ‘sociedacivil’, no al Estado desfigurado esperpento que las secuestra y las roba. Ni los de afuera ni los de adentro confían en el Estado haitiano. Por tanto, la ‘sociedacivil’ cubre más de la mitad de la función de ese Estado.
El embajador Silvio Herasme Peña dice que los grupos políticos haitianos (que son catervas atomizadas) hacen un “acuerdo” para mañana, pero a las 6 de la tarde los ‘decires’ disímiles han disuelto dicho “acuerdo”; y que es dicho corriente entre el populacho la frase: “Dominicanos reciben millones para hacer una obra, hacen la mitad; haitianos reciben millones para una obra, no hacen nada” (¡zafa, mi hermano Andy, que esa ley 128-01, cuyos US$500 millones de soberanos que se tomaron para obras en 32 provincias nadie las ha visto ni en sueños!).
Aristide, el Mesías
Los haitianos no ven a Aristide como presidente, sino como un Mesías enviado por los dioses de Mackandal y Ti Noel a dar su merecido a sus verdugos (pese a que el ‘mesianismo’ es propio de las sociedades en “vías de subdesarrollo” o ágrafas). Préval gobernó con Aristide, era un hombre de Aristide, pero los desarrapados ya no lo ven como tal. Su partido de La Esperanza llega al poder con 10% del universo de votantes. En las legislativas vota el 5%. Aristide hizo el milagro de sacar, con su ‘lavalás’, el 67% de los votos emitidos. Él es el “salvador”. Préval, un “ponte ahí” discreto que jamás habla de Aristide quizás para no ganarse el odio de las turbas de Tití Cocolité que muchas veces recurren al “suplicio del collar”.
El Haití de hoy es inasible, y sin importar los pruritos de los ‘revolucionarios’, hay que rehacerlo y rehacerlo todo. Para que funcione lo mínimo requiere tiempo, mucha inversión y planificación, sobre todo, no dilapidar el dinero en la gula de unos buitres indiferentes ante la miseria (el hombre es hijo de una ‘cultura’ y al rico nacido en Haití se le embotada la ‘sensibilidad’ ñhay que decirloñ, debido a que la tarea de redención es tan abrumadora que le mata la sensibilidad).
Quizás ricos de otras naciones, como Bill Gates o de la revista Forbes, vean aquello, como lo hemos visto, y digan: “¡Hay que hacer algo!”. La primera sensación que recibe el que visita Haití por primera vez, se quede o no por las razones que fueren, es: “¡Hay que salir de aquí!”.
Casas, letrinas, carreteras, calles, hoteles, oficinas gubernamentales, correo, hospitales, escuelas, acueductos, presas, canales, reforestación, agricultura; aparato productivo, leyes, finanzas, transporte, Justicia, cárceles, finanzas, empresas, fábricas, etc. Diez mil millones de US$, pero no en manos de los que tienen 200 años fracasando. Cualquier otro camino, sería andar en círculos.