La Suprema, el PLD y el Mundo de Liliput

Sábado 13, Febrero, 2010 9:17

Sorprende que el Dr. Julio Aníbal Suárez, juez de la Suprema Corte de Justicia, un hombre serio y comedido, haya respondido en forma airada a los cuestionamientos de algunos sectores de la prensa a las “barrabasadas” –para usar la terminología del abogado y policía, Jovino Guzmán Batista, por decir otra cosa- que están saliendo de los tribunales en forma de “sentencias”.

Aquí no se está discutiendo, como argumentan Subero Isa y ahora Julio Aníbal, que los periodistas no sepan derecho o que la prensa se quiera constituir en tribunales –que en esencia lo es, si la teoría y el método son cara y cruz, como infiere la gnoseología dialéctica–; la discusión de que si los periodistas conozcan o no los expedientes o que quieran hacer escándalos. Aquí la discusión es más compleja: se trata de la venalidad en ciertas cortes y circunscripciones, cuyos fallos son conocidos antes de que se lean en las salas de audiencias de los tribunales.

Aquí lo que se discute –fuera del Código Procesal Penal de los delincuentes, como bien lo llama el Dr. Milton Ray Guevara–, es la “opacidad moral” de quienes juzgan, como dice el Dr. Jottin Cury hijo, valgan las excepciones, que es un tema fundamental para la estabilidad o disolución del Estado nacional. A todo el que se le aplicó el “debido proceso” –sea narcotraficante, homicida, banquero, empresario, contrabandista, etc.–, la prensa y la opinión pública en general, no se han alarmado, y –¡claro está!– sólo se oyen las quejas de los abogados de la parte que sucumbió ante el peso de la ley, pero no de la opinión pública.

Es más: aquí se está discutiendo, en otra instancia, la bastardía del origen de esa Suprema Corte de Justicia y su arrogancia de “arrogarse” el derecho de imponerle a la sociedad su ‘vitalicidad’ en instancia inapelable.

Afirma el Dr. Cury que se ha desatado un cabildeo de gente que quiere ir a los órganos judiciales creados por la nueva Constitución no por méritos, sino por vínculos políticos y que la degradación moral que nos arropa tiende emitir juicios subjetivos en cuanto a la integridad. “Una persona es honesta cuando lo es a cabalidad tanto en lo público como en la privado, o no lo es, pero no puede serlo de forma coyuntural y ocasional”; es decir, esta cuestión no es un asunto de “gradaciones”, y mucho menos relativo.

Más adelante escribe esta perla: “No es suficiente rechazar el soborno para preciarse de honesto, sino que es necesario rechazar las presiones de grupos políticos o económicos, quienes suelen influir por todos los medios en los expedientes que puedan perjudicarles.

Resulta impropia la actitud que asumen ciertos jueces, quienes permanecen ajenos a las tratativas que tuercen con frecuencia la correcta administración de justicia” (LD, 11-2-2010). Y es, magistrados, que no existe ‘dignidad’ porque el nicho de muchos, como bien dice el Dr. Cury hijo, es “la mediocridad moral”. ¿Cómo es posible que un hombre íntegro (en la acepción de nuestros abuelos) permanezca al lado de jueces de su corte que sabe venales? ¡Eso no es hombre; eso es un miserable espantajo!

Bastardía y Suprema
No está demás decir que soy ni cortesano, ni del círculo íntimo del Presidente, como alguno podría pensar; pero sí sé que el Presidente Fernández es uno de los hombres más discretos del país y no suelta prendas. Por eso, esto va a título personal: pese a que Balaguer era un obseso del poder, sufrió dos grandes disgustos con Leonel pese a su declaración de que el apoyo al “Frente Patriótico” fue sin compromisos: primero: no le agradó la convocatoria del Consejo Nacional de la Magistratura (1997, pese que a las reformas constitucionales fueron en 1994 y él nunca lo convocó); y segundo: Leonel, como jefe de Estado, accedió a entregarles los fondos a la JCE del PRD, pese a que ambos publicaron un comunicado en que pedían cambiar su composición, que era blanca.

(Todos saben que Balaguer se quedó con la Justicia cuando el “fallo histórico” del 1978). Los enfados de Balaguer se pagaban.

Cuando en CNM, se alió al PRD para dejar al PLD fuera de la SCJ (Aristy Castro, César Féliz y Contín Aybar –PRSC-, Milagros Ortiz y Peguero Méndez –PRD-, formaron bloque 5 a 2 contra Leonel y el secretario de la SCJ Amadeo Julián). El único filo- PLD era Amadeo y lo ‘quemaron’.

Julio Aníbal Suárez sabe que llegó al alto tribunal como “ración” del PRD y Subero Isa, del PRSC-Iglesia Católica. A los otros jueces no los mencionaremos porque aquí nos conocemos todos. Ese fue un “acuerdo político nada prístino”, como tuvieron los doctores Cury que recordar varias veces. Al margen de la conducta de muchos de los jueces de la SCJ, más que decorosa, ellos deben agradecer la benevolencia de Leonel y de Hipólito, dos presidentes sin rencores, sin importar lo que digan los obsesos-compulsivos como ALM. ¿Se oyó?

El viaje del PLD
En las conversaciones recurrentes con Don Juan, siempre aparecía el tema del “criterio político”, con ejemplos y de distintos litorales del mundo a través de la historia. Bosch –será otra historia- no aceptó al difunto Casimiro C. en el PLD.

Decía que se podía ser profesional, intelectual o científico y tener menos criterio político que un campesino. Una muestra de falta de criterio político: dejar decenas de arquitectos, ingenieros y viejos miembros del PRD “oliendo donde guisan” y regarle regiduría notariada a la Enana Celenia. O el “Viaje a Liliput” que hacen los peledeístas hacia Santiago. Aliarse con los reformistas en Santiago, sea o no “El Pollón” el candidato, es tener visión telescópica con vistas al 2012 y 2016, aunque dice O. Gil se ha sembrado mucho veneno.

Si algo debo lamentar es que Danilo se comporte como Chacumbele, que según mi caudillo: “¡El mismito se mató!” ¿Leonel necesita votos para 2012? Después, a la torpeza le llaman “mala suerte”…

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