Moral de EEUU y la campaña electoral

Sábado 6, Marzo, 2010 11:52

Gente y países pueden tener relaciones con Estados Unidos, amar a los norteamericanos o aspirar al sueño o el ‘modo de vida americano’. Incluso, trabajar bien o mal en ese país, pero todo el que tiene dignidad, respeto por sí mismo y su país, sabe que son una impertinente arrogancia imperial las  humillantes ‘certificaciones’ que hace el Departamento de Estado hacia los demás país.

El tradicional orgullo chino se “la pone en China” a USA cada vez que los gringos pretenden darles cátedras de derechos humanos y les recuerdan los dos millones de negros y latinos que se pudren en sus cárceles súper pobladas, así como sus matanzas intervencionistas en Irak o Afganistán, etc. (que sus agencias de prensa se las ‘atribuyen’ a la OTAN); pero que todos sabemos, menos sus lacayos, el matiz político de las famosas ‘certificaciones’, sobre todo contra los contestatarios Venezuela y Bolivia, pues Chávez y Evo no se quedan callados (esto al margen que nos guste o no el rumbo de sus respectivos gobiernos), y lo ha hecho muy bien el ministro de Relaciones Exteriores, Ing. Carlos Morales Troncoso –único en su clase– cuando devuelve las humillaciones que todos los años cometen contra nuestro país (así como su Eminencia Reverendísima el Cardenal López), respondiéndoles que ellos tienen más problemas que resolver que nosotros; “que se ocupen de lo suyo”.

Otros “cancilleres” ñanterioresñ han respondido siempre con miedo y evasivas: “No, porque esto es todos los años; no, que lo que quieren decir no es eso, sino aquello”. ¡Pamplinas! Hay que decirles a Estados Unidos que no aceptamos sus certificaciones, que nosotros no hemos tirado bombas atómicas en Hiroshima ni en Nagasaki, que no somos los culpables de las quiebras periódicas de la economía mundial (bastante bien explicadas por Ignacio Álvarez Peralta en “Asalto a Bagdad: Claves Económicas de la Guerra”), que no fabricamos armas, ni invadimos patrias ajenas y que nunca nos hemos arrogado el papel de Policía del Mundo.

Tampoco somos los dominicanos los que hemos podrido ecológicamente el planeta. Otro país que responde esas críticas de EEUU en el acto, es Israel, y los países musulmanes que no son sus satélites. Como dijo un legislador del PLD, ¿cuántos banqueros norteamericanos hay presos por la debacle económica mundial que produjeron debido a la demanda inducida de su población al consumo no obstante ser el país más endeudado del mundo, cuya economía está en pie gracias a los millones del bajo mundo y a los bonos que China compra al Tesoro USA?

Sólo sus satélites vergonzantes se quedan callados ante la urticaria de las famosas ‘certificaciones’ de EEUU, que no mencionaron los crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos en Honduras por Romeo Vásquez y el camionero Micheletti.

Obama e Hillary
Una vez escribimos que el presidente negro, doctor Barack Obama, era el candidato de todo el mundo que observaba asqueado como el clan Bush anuló la Organización de Naciones Unidas (ONU) e invadió a Iraq bajo el falso argumento de las “armas de destrucción masiva”, pese a que el jefe de inspectores de la Agencia de Energía Atómica Hans Blix, dijo que las experticias de su equipo ni las habían encontrado ni existían evidencias de que el régimen de Saddam las poseyera, como realmente resultó, pues al cabo de ocho años de muerte y destrucción, las armas no han aparecido (EEUU sólo dice su parte sobre la “normalidad” que impera en el país, bien distinta a lo denunciado por la Comisión de Derechos Humanos de Irak la semana pasada en que pinta un verdadero estado de destrucción y muerte que incluye unos 3 millones de iraquíes muertos, heridos, mutilados o desplazados).

Obama era el candidato de todos los antibelicistas, pacifistas y librepensadores del mundo, aunque no nos hacíamos ilusiones con el stablishment y su absorbente poder. Por eso le decimos a él y a la doctora Clinton desde esta ínsula, que esa práctica de “certificación” a los otros países, no sólo es perniciosa, sino propia de la arrogancia imperialista; que la deben descontinuar; pero si no lo hacen, ¡igual da!; el emperio no tiene moral para certificar o ‘descertificar’ a nadie. ¡Babosadas!, como decía papá Hipólito.

Campaña sucia
Repetimos ahora lo que hemos dicho en durante varias campañas electorales y escrito está. Que la campaña sucia la llaman en Centroamérica “campaña negra”, y que el colega Orlando Gil me aconsejó una vez, cuando me disponía a arreglar cuentas con unos malandrines, a que me bebiera un vaso de agua fría y dejara eso así “porque siempre habrá quien se dedique al trabajo sucia”.

De cualquier forma, jamás perdonaré a los infames que en 1990 hicieron un montaje para poner a Don Juan Bosch a decir que no creía en Dios. Pero las infamias se pagan siempre, en sí mismos o su prole, porque no es verdad que en el mundo haya más perversión que decencia. Los perversos son los truhanes de la política y sus acólitos. El presidente de la Cámara de Diputados, Julio César Valentín, ha hecho un llamado a las iglesias, empresarios y políticos de Santiago de los 30 Jinetes, para que en los próximos dos meses se haga una campaña decente.

¡El indecente no puede hacer campaña decente porque traicionaría su naturaleza!, y ya sabemos lo que dijo Campoamor: “árbol que nace torcido// jamás su rama endereza”. El cerdo no puede vivir sin su chiquero. De cualquier forma, paciencia para los calumniados. Mentiras se dicen a diario y se dirán por montones. Ésta es un tumor maligno que todo lo gangrena.

Lo que sí he comprobado es que ni insultos ni campañas mediáticas ganan elecciones, y hay refranes aleccionadores: “Todo el que dice lo que quiere, deberá oír lo que no quiere”.

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