Más de campaña, historia-poesía y alambres
Lunes 8, Marzo, 2010 5:00“Prometeo: –el relato es dolor, pero también, el silencio es dolor”
–Esquilo–
Creo que los candidatos decentes hacen campañas decentes, aunque por razones de tácticas políticas algunos sufran “el dolor del silencio”, de que habla el trágico griego Esquilo en “Prometeo Encadenado”, al no revelar algunas “cositas” que perjudicarían sus aspiraciones. Es válido. Pero en sentido general, me parece que una campaña política –en EEUU los candidatos discuten sus historiales en el Congreso y resaltan qué votaron y porqué no–, debe ser un muestreo de lo que hicieron o un programa de lo que se proponen hacer.
Balaguer definió la política como “el arte de lo posible”, porque los de abajo aspiran a desplazar a los de arriba debido, si no son sinvergüenzas, a que podrían hacerlo mejor. Los comunistas –no dominicanos– crearon el método de la autocrítica. Hoy se practica más en las empresas que en la política: examinar lo hecho, admitir lo mal hecho y corregirlo; dar lo bien hecho por sentado. Sencillo: si yo fuera candidato iría donde los votantes a decirles lo que pienso hacer. Si no lo logré, imitar a Bill Clinton, que visitaba a todos en el estado de Arkansas y les preguntaba en qué creían que él había fallado.
Cada vez que se postulaba a gobernador hacía lo mismo. Hay que tener un mínimo de decencia personal. Mis amigos A. Dahujre y Miguel Vargas deberían hacer lo mismo: el primero afirma que los Bonos Soberanos se invirtieron bien, pero no da datos, fotos y mapas que señalen dónde y en qué; y don Miguel dice que sólo aprobarán U$600 millones en Bonos Soberanos al Gobierno porque son para invertirlos en campaña y comprar conciencias; pero fuera de sus áulicos y de Alvarito Arvelo, que le llama “Micky, el que resuelve”, nadie sabe en qué el ministerio de Obras Públicas de Miguel invirtió U$500 millones de la Ley 128-01, que tenía un prontuario de obras para las 32 provincias. Sólo para Bonao construirían, según lo dicho, una cárcel pública, un acueducto, un mercado y un extensión de la UASD.
No es un invento mío, pero ¿dónde están? ¡Podemos ir a las 32 provincias y si me muestran las obras, con mucho gusto las mostraré al público en mis programas de TV! Lo juro. Lo haría así porque Miguelito no insulta y si se pasa de tono, es porque otro le escribió lo que dijo. ¿Dónde están las cañadas, escuelas, presas, carreteras, puentes, hospitales, túneles, elevados, aceras, contenes, etcétera? Sólo mostrarlos, sin tener que matarse con nadie. Para mí es así de sencillo, ¿y para usted? ¡Bobaso!
Poesía-historia
Recomendaré a mis lectores no leer los textos de los historiadores Rodríguez Demorizi, Américo Lugo, Bernardo Vega, A. García Lluberes, Betilio Alfau, Roberto Cassá, Bosch, Moya Pons, Franklin Franco, etc., porque J. I. Jimenes-Grullón, quien acusaba la historiografía de Bosch de ser “historia novelada”, inauguró una escuela que muchos parecen seguir pese a que no se basa en cifras, datos y documentos históricos, sino en juicios de valor mediante el método que él llamaba “testifical”.
¡Hasta analizando la poesía popular, Rodríguez Demorizi trae muestras de esa poesía si produjo aquí o en el extranjero. Creo que es el método correcto. Es lo que hace Bosch, por ejemplo, en “La Fortuna de Trujillo” o “Temas Económicos” (citar documentos que avalen lo dicho).
Lo mismo hace Moya Pons y los demás, aunque algunos se me quedan. Pero los nuevos gurúes hacen poesía pura, aunque mala, pues no citan fuentes. He buscado en varios libros los acuerdos como el Hughes-Peynado o Trujillo-Hull, y los he visto, pero no así aquellos donde aparecen los documentos, firmas, pagarés, recibos, etc., que el gobierno y los presidentes de Haití –cuya revolución arrasó todos los ingenios y trapiches, tipo los famosos Boxer de China, porque objetivizan en ellos la causa de su esclavitud, y por esta razón Haití quedó en la prángana hasta hoy– pagaron a Francia los 150 millones de francos que la potencia europea le impuso para concederle la independencia.
No he encontrado nada, aunque sí referencias a dicha multa extorsionadora, ni en cuáles fechas y gobiernos, nombres de negociadores y ministros, etc., que hicieron las amortizaciones.
Quiero papeles que digan, como dice Galeano, que Haití pagó esa imposición. Me interesa sobremanera mediante qué mecanismos de pago se hicieron efectivas, porque venir ahora a decir que la invasión norteamericana (1915-34) fue para cobrarse esa deuda, la cual le fue traspasada por Francia, sin pruebas, son decires, poesía mala, puras patrañas y saqueo de la verdad, pero no historia objetiva. Esto al margen de lo que opine quien quiera. ¡Es papeles rubricados y recibos que deseo ver y tocar! ¿En qué textos y en cuáles autores los encuentro? Díganme.
Robo de alambres
El Nacional editorializó el viernes sobre el robo de alambres. Unos señores afirman que exportan chatarras y cobre dizque por U$75 millones a la India, China y Vietnam, y afirman que ponen a comer a 5 mil familias, pero el país no produce ese metal, materia prima que no tenemos. Esos exportadores delincuentes –violan las leyes– no dicen cuánto pierde el país importando alambres que bandas organizadas hurtan, al tal extremo que no tenemos un solo hidrante ni tapas de alcantarillas, que cuestan un bojote de dólares y Roberto Salcedo no las pone ni de cartón, pese a los aguajes.
¿Y qué país del diablo es éste? ¿Dónde está la autoridad? Nos guste o no el señor Camilo, todos apoyamos que las Aduanas paren este saqueo al patrimonio público.
Hay que detener estos robos sin importar rangos. Eso es la democracia, el Estado de Derecho, la Justicia. ¡Parar estos ladrones y compadritos con el puño de la Ley, por Dios!